jueves, 9 de agosto de 2012
Tercera de Reyes; primera de Juan.
¿De qué te sirve la nada si solo llena el vacío que algo sin existencia ha dejado? Como si fueras el más hermoso despojo de la humanidad, tú debes volver divinidad en cenizas, palabras de amor en groserías para ostentarlas entre diente y diente; entonces la humedad en tu lengua hablara de la sal en mis llagas, de la cavidad en tus manos y de los túneles prohibidos que tus huellas resguardan bajo la llave de una puerta secreta. Serán tus miembros, yacimientos de inicuos pensares donde sangre, huesos y excremento de otros seres, retoñaran sin ser percibidos. En algún momento del tiempo, sin poder precisarlo entre danzas y juegos, tu cerebro se pensara diestro en el manejo de las letras en llamas que tan torpemente has venido arrojando; y es que en verdad no será para menos si antes de sentirte herido o traicionado por tu propia existencia, has presenciado la saliva en los colmillos que dan forma a la mordida de otros perros. Será entonces el viento de la noche, el aliado de un sin fin de conjuros y conjugaciones; la lluvia sobre tu espalda y lomo, pesara fría y consciente de la inmensa gravedad que la gravedad estudiada por aquellos seres que describieron el mundo, confiere. El ruin paso de todos esos que coronan a quien carece de labios, te guiara sobre la senda del camino perdido, sobre el paso de tus padres y entre los sueños de futuros niños. Habrá entonces seis uñas en cada uno de tus dedos, y sobre cada una de ellas, seis pequeños pensamientos balanceando el sufrimiento al compás de cualquiera de tus miedos. Sentirás dolor externo por cada uno de los cerdos que no son tú ni por ti rescatados. Las calles serán cortas, enormes en gente, pero pobres en tamaño; todo vejo vagabundo que pasea sin rumbo fijo, encontrara reflejada la dureza de sus prendas en tus ojos, siendo tus cuencas orificios perfectos para valorar la muerte y desafiar a dios y a sus creyentes. Prepararas la boca para guardar silencio mientras la voz sombría de fantasmas viejos reinara en los aposentos de la madre de todos. Comprenderás que no hay palabra que no roce el amor aun en forma de odio, y que de profundas agonías se esculpe la humildad y anhelo por preservar la vida. Con desilusión respetaras al maldito que sufrió de infante aun cuando sientas asco y repulsión de su ser como hombre. Depresión por males que no son tuyos y por riquezas que no has perdido, forjaran el peldaño en que darás el primer paso de tu viaje donde valoraras lo que tienes al compartirlo con otros. Los escalones siguientes y la dirección de estos, dependerán de ti, como lo harán las oraciones que faltan para terminar este canto.
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