miércoles, 13 de junio de 2012

De rápido.

Nada importa cuando no te importa nada, ni tus hijos ni los hijos de los demás; solo el vender cadenas a precios de necesidad. ¿Pero qué es esto que siento? Una voz del otro lado de mi vida que se acerca llanamente entre mi espina, por debajo de mis dientes; este sentimiento de vomitar entre las masas la política infernal que, para ser olvidada, primero debe ser reconocida. Nunca he cantado esbozos escritos por dedos ajenos, y es que mis yemas está marcado en camino que mi ser ha de seguir. Aun con todo y mares de ignorancia y pan y fuego y muerte, mi alma cansada ya de auto negarse me recuerda que mis sales se han vertido sobre el sol, intentando derretir la obscura densidad que daña al pueblo y a la gente. En mi lucha indestructible de perderme en un instante reconozco la existencia de aquellos otros que entendí; seres hechos más de carne que de hueso, que envenenan vida y mente; y que se cuidan entre sí.

jueves, 7 de junio de 2012

Entonces, ¿quien soy?

Es entre gente donde he encontrado el verdadero significado de la palabra individuo. Es un yo a voces que calla al sentirse parte de una masa social y que a veces detiene las emociones que siento. En algún momento, comúnmente por la noche, me siento incapaz de sentirme libre; aunque puedo salir y quemar mis deseos al prender un cigarro; pudiera incluso apagar el ardor en mi vientre al paso de un trago, olvidando con esto el resto de un mundo, que, en constante cambio, delinea ciudades y clases sociales. Todo cambia o se destruye, o se entiende y reestructura; todo salvo la conciencia plena de saberme acusando en pos de un beneficio personal; nunca he podido engañarme del todo. Durante años he intentado ignorar lo aprendido y olvidar lo que en mi vista se ha reproducido; durante ańos hasta el día de hoy, hasta este momento, hasta tener cerca de veinte y seis años y pensar diario en los treinta y aceptar que al final de cuentas ya no necesito ser cuidado. Las decisiones que he limado de la corteza vivida son muestras inequívocas del sudor en mis manos. Soy quien a sido siendo el mismo del que hablaron otros en otros tiempos. Soy y seré aquel personje de novela perdida que hoy se encuentra meditando entre el sentirme individual ente rico o ese payaso con pobreza social. Son los niños que he encontrado en el camino las pequeñas llagas que me duelen, son sus madres solteras, son sus padres asesinos el espejo en que mi mente se pierde. Todos nacen con dotes que brillan de diferentes maneras en diferetes realidades. En el caso de ese brillo que se nota en mi mirada, he intendo atarlo al suelo internandolo en mi ser. Me gusta la idea de saberme propio, me encanta la forma en que despierto y pienso y pienso y creo en que lo que pienso es mío aunque puede compartido con alguien mas. Es la cultura en un pueblo la semilla desbordante que bajo los cielos retoña, es el agua de la nubes la refrescante salida que he tomado ya mil veces ante el bloqueo de mi ser. Justo ahora pienso en casa, en el parque de venados que me ha visto nacer; solo soy aquel pequeño que entre los brazos de su madre lloraba al sentirse perdido. Aunque ahora eso es pasado, algo efímero, un recuerdo no tangible que se ajusta a mi buscar. Es a partir de aquí donde deberé tener en cuenta el tiempo futuro que amenaza tanto a mi pueblo, a mis madres, a mis padres y hermanos; es aquí donde decido entregarme por completo a la causa social que se ha escondido entre mis actos. Como el águila real, volare sobre la bandera de mi pueblo; en mi forma de serpiente, habitare entre la fauces del alado actuando como el alimento que se encuentra en mi existir. Tal vez solo lo comprenda, estoy solo por naturaleza, soy sociable por necesidad.

Mascaras

Despierto sobresaltado, sudor frio se pega a mi cien. El vuelo del ave avispando sentidos, recorre la senda de mis dedos cansados; la sal en mis mares quema retinas de tiempos mejores. La locura entre mascaras dispara realidades que hasta hace poco permanecían dormidas, latentes ante la expectación de un mundo de notable belleza. Se encierra el rumor de perros prohibidos que al igual que yo, han olvidado ladrar por el viento y no por sentirse amados. Recuerdo mis patas entre charcos de lodo al tiempo en que gotas de noche bañaban mis dudas. Y entonces recuerdo, recién despierto y estoy solo, mi mente intranquila me juega y me advierte que mascara sobre mascara he sembrado verdades aladas al sentirme libre, real y sincero; que son mascaras aquellas facetas de visiones nocturnas donde lunas y nubes voltean hacia mí en señal de saludo; son mascaras aquellas virtudes que he dado de vida en el afán de ser cualquiera de ellos, cualquier perro/humano que se sienta capaz de morderse la cola. Y es que reviento la huella de mis huellas roídas, buscando con la mirada el sendero de mí andar; y es que muestro colmillos y heridas a la mano amigable que me da de comer. Recuerdo y revivo pero no pasa nada. Ha de ser tarde y yo sigo quieto, pensando, respirando en días, creciendo en cortezas, sabiéndome dueño y señor de la nada que ahora comparto con todos y que hace poco me alcanzaba al final de una oración. ¿Qué hacer? ¿A quién servir? ¿Para qué leer si he de perderlo todo en el mar de la cultura? Porque así será, así terminará la obra inconclusa de dejarlo todo, de olvidarme en mascaras sobre mascaras que vetan y señalan posturas ajenas donde el agua es recipiente y la sed es un lujo. Quiero que pare, que se detenga, que se destruya el querer serlo todo y el concebirlo así; como un árbol, como un hijo y como un libro, presa ya de la frase que me ha marcado el cómo vivir. Amo voltear las entrañas y mostrarme sin miedo, amo pintar sobre dioses y limitaciones y extremos donde es el ser hombre, el humano perfecto; hasta que me canso, hasta que corro y tiemblo demostrando dramáticamente lo frágil de mis trazos sobre cal. Y aun así no veo, mis cuencas se cosen, mis ojos dilatan y tuercen la imagen que proyecta la luz. Me siento cansado, quisiera saberme completo e incompleto, tanto o más como saberme odiado y amado por ser diferente al resto siendo igual que ellos. Aun con todo sigo al pie de la cama, esperando, expectando el mismo destino en el que no creo; sigo pensándome libre, pensando en mis fallas mientras escribo y escribo por no pensar más en algo que no tenga sentido para mí y para los míos. Hablar de ciudades ha pasado de moda, al menos dentro de mí, dentro de mi ser cambiante que queda y ruega y gime entre sollozos de aquellas personas que no son más yo. Entonces lo siento, rubor en mejillas, calor entre carne; todo se entrega al delirio de la paz inicua. Sería demasiado revolverme entre palmas y arbustos; sería demasiado objetarme cansado y ansioso por jugar con la vida. Y de pronto/de repente explota, se inventa, se descontrola la necesidad de escribir un poco más de mis primeras líneas, de esa presión sin forma que aparece justo al centro entre mi soledad y mi pecho.

lunes, 4 de junio de 2012

raíz

                                                   Permanece a mi lado cuando mi luz disminuya; cuando se arrastre sangre entre nervios que pinchan hormigueando,          cuando todas las ruedas sean lentas.


                                                   Espera por la sensualidad atormentada con punzadas de tiempos maníacos; dispersando polvo, derritiendo soles entre mares que solo son vistos por aquellos que ignoran lo que son.