La cena se enfriaba en la mesa mientras el tiempo calcinaba el ritmo de mi respiración salvaje. Me aferraba a tu recuerdo aun teniéndote presente evocando pensamientos tan antiguos como mi falta de fe, tan estúpidos como definir lo que siento y tan humanos como distraerme en tus ojos. De nuevo fingí cordura, inventé señales para entender cada uno de tus gestos, tus movimientos, tus intenciones.
Tú solo comías, y yo, estúpido buscaba insinuaciones con la cuchara.
-Nancy…- Balbucee lo más idiota posible.
-¿Sí? –Contestaste de inmediato con esa maldita sonrisa que me encanta…
-Nada -respondí –mi cena se enfría…
No hay comentarios:
Publicar un comentario